Sabemos que los fiesta de los toros es bella, cruda y misteriosa. Una fiesta en donde la vida y muerte danza y en donde los toreros se visten de príncipe para jugarse la vida, sin saber si salen por sus propios medios del coso taurino. Una fiesta difícil de entender, pero una fiesta hermosa, artística y que nos enseña con su dureza, la realidad de la vida, nuestro relación directa con el campo y nuestra vulnerabilidad antes las adversidades.
El número 3 y la letra J fueron los protagonistas de la Feria Taurina de Manizales, o por lo menos en las tres primeras tardes de toros que se vivieron del 6 al 7 de enero de este año.
Podrá sonar raro que mencionemos un número y una letra, que de primera vista no dicen mucho de lo que es la fiesta de los toros, pero que viendo más allá de lo que aparece a simple viste tiene que ver mucho. Algunos dicen que lo que pasó en Manizales es simple casualidad, otros dice que es la sal de la prohibición, otros dicen que es la realidad de los toros y otros hablan de temas más misteriosos, de cosas inexplicables que superan el entendimiento humano pero de un pasan pasan.
Sea lo que sea, la verdad es que tres toreros fueron heridos por sus ejemplares, los tres, toreros colombianos y los tres llamados con letra J, Juan Hernández, Juan de Castilla y José Arcila.
Para quienes desconocen la realidad de la fiesta de los toros podrían decir que fue falta de preparación y ausencia de reflejos de los toreros, pero los que vivimos cada una de las tardes de toros en Manizales, sabemos que más allá de la casuística de ser corneado por un toro, hay una historia de entrega, valor, pundonor y raza, atributos que solo los toreros pueden demostrar y cuyas características los hacen sobreponerse a estas adversidades. Hoy, todo los toreros ya tiene el alta médica y están en su proceso de recuperación y rehabilitación muscular para continuar con su profesión.
Juan Hernández fue el primero que puso su cuota de sangre en la arena de Manizales. El torero de Sogamoso, en la lidia del primer toro de su lote, de la ganadería de Mondoñedo, fue corneado en su pierna izquierda, a la altura de la pantorrilla, afectando algunos músculos y tendones que intervienen en la movilidad normal de la pierna. Ya por fortuna salió de la clínica Santa Sofía y se encuentra en recuperación, después de varias intervenciones quirúrgicas y de revisiones extremas para atender los efectos de la cornada.

Y si bien un torero herido enfría el ambiente y aún más, si este es amigo, la segunda tarde también dejó lo suyo y en ella, otro colombiano ponía su cuota sanguínea. Juan de Castilla, el crédito nacional en las plaza europeas, haciendo gala de los valores torero de la camaradería y compañerismo, fue a realizar un quite a cuerpo limpio a uno de sus subalternos que fue arrollado por el toro, recibió la peor parte. El torero de Medellín fue prendido del mismo derecho y levantado por los aires de manera tan estrepitosa que, después de moverlo de un lado al otro, Juan resultó con una carnada profunda, en el mismo derecho, por fortuna sin daño vascular y una fractura abierta de tibia y peroné en la pierna izquierda. Una cogida espeluznante que enfrió mucho más el ambiente en la plaza, que ya venía pasado por agua.

Pero si con lo de Juan Hernández y Juan de Castilla no era suficiente, la tercera tarde tenía también otra sorpresa. El torero de la tierra, José Arcila, en la lidia del primer toro de su lote, segundo en el orden de salida, lo prendió de fea manera de la pierna derecha, en una punto bastante delicado, que le afectó notoriamente su movilidad. Pese a estar en un sitio peligroso, en donde están venas y arterias importantes, el torero pasaportó su toro, visiblemente afectado y luego de un trabajo arduo y habilidoso por el equipo médico de la plaza, salió a lidiar el 5to de la tarde, bajo la vista incrédula de uno y la tensión y nerviosismo de otros. Pura y sencilla muestra de pundonor y vergüenza torera.

Estos tres toreros demostraron con sangre que ser torero no es un oficio cualquiera y de que con cornadas y con sacrificio es que se dignifica la profesión y el torero colombiano.

Por eso ahora, cuando por fortuna no pasó a mayores ninguna de las cornadas nos preguntamos: ¿fue simple casualidad? - ¿se debe a algo paranormal? - ¿fue descuido de los tres toreros? - ¿había algo en contra de los toreros de la tierra? - Estás son preguntas solo especulativas que solo alimentan más el misticismo que tiene la fiesta de los toros, ese componente incógnito que hace que la fiesta de los toros sea lo que es. La fiesta más cultura y verdadera del mundo.
Sea lo que sea, quedan varias cosas para resaltar.
1. La tauromaquia es de verdad, no es un juego y así como lo vivimos con Santa, en ella puede pasar de todo. Te encumbras, triunfas, sufres o puedes hasta perder la vida.
2. La camaradería el compañerismo definitivamente son valores que solo se ven en la fiesta de los toros. La labor que hizo Luis Miguel Castrillón, pese a no torear ninguna tarde, merece todos los méritos. A los tres toreros los recogió del piso y los llevo a la enfermería. En sus ropas quedó la sangre de sus tres amigos, compañeros y compatriotas.
3. La labor de lo médicos de la plaza y de Santa Sofía merece si que más toros los reconocimiento. Héroes sin capa con el poder de salvar vidas. Lo hicieron con Santana, que hoy es un milagro vivo y lo hicieron con Juan Hernández, Juan de Castilla y José Arcila. Todos ya en sus casas en recuperación, gracias al acierto y la mano bendecida de ellos como guardianes de la salud.
4. Aunque las cornadas duelen y a nosotros como aficionados no preocupan, ellas, son la muestra de que ser torero no es una profesión cualquiera. Es una profesión de valor y entrega. Una profesión que difícilmente cualquiera podría hacer y sobre todo, no cualquiera podría soportar lo que esta trae.
Misteriosa o no, cruda o no, indescifrable o no, como taurinos seguiremos amando la fiesta de los toros y sobre todo, respetando y valorando la entrega de nuestros torero, que gracias a ellos, la ilusión de tener fiesta brava se mantiene firme a pesar de las adversidades.
Redacción de El Minotauro Radio - Daniel Upegui.